Por qué no puedes hacerte cosquillas a ti mismo
Con los mismos dedos y la misma piel, si te las haces tú, casi no pasa nada. Tu cerebro adivina ese toque y le baja el volumen. Un experimento con dos robots lo demostró.
Prueba a hacerte cosquillas en las costillas. Nada, o casi nada. Y sin embargo, si te las hace otra persona en el mismo sitio, no puedes parar de reírte. Tu piel es la misma. Lo que cambia es que esta vez la orden la has dado tú.
Te lo cuento en menos de un minuto:
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Tu cerebro se queda una copia
Cada vez que mueves la mano, tu cerebro le manda la orden a los músculos y se guarda una copia. Con esa copia puede predecir lo que vas a sentir: dónde, cuándo y con qué fuerza. La explicación que proponen los investigadores es que el cerebelo, una parte del cerebro que está en la nuca, hace esa predicción.
Si acierta, baja el volumen
En 1998, un equipo del University College London metió a varias personas en un escáner. La corteza que procesa el tacto se activaba más cuando el roce venía de fuera que cuando lo producían ellas mismas. Tu cerebro no apaga ese toque: lo siente menos. Es como intentar darte un susto a ti mismo: ya sabes cuándo viene.
El experimento de los robots
En 1999, el mismo equipo lo puso a prueba con dos robots. Cada persona movía uno con la mano izquierda, y el otro le rozaba la palma de la derecha con un trozo de espuma. Luego retrasaron el roce unas milésimas: 100, 200 y 300.
Cuanto mayor era el retraso, hasta los 200 milisegundos, más cosquillas hacía. A partir de ahí no había diferencia significativa con un roce que viniera de fuera. Y de las 16 personas, 14 dijeron no haber notado el retraso. Su cerebro sí lo notó: la predicción ya no cuadraba.
Para qué sirve
Tu cuerpo no para de tocarse: la ropa, el pelo, una mano que se apoya. Si todo eso te llegara a todo volumen, no notarías lo que importa. Tu cerebro ignora lo que haces tú para que notes lo que no haces, como un bicho que te sube por el brazo.
¿Nadie puede hacerse cosquillas?
Casi nadie, y no del todo: el propio roce se nota, solo que menos. Un estudio de 2016, con 54 estudiantes, encontró que los que puntuaban alto en ciertos rasgos de personalidad (rasgos esquizotípicos) sentían más sus propias cosquillas. Es una muestra pequeña y no significa que hacerse cosquillas diga nada de la salud de nadie.
Así que no es que te falten cosquillas: es que a ti mismo no te puedes pillar por sorpresa.
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Fuentes: Blakemore, Wolpert y Frith, «Central cancellation of self-produced tickle sensation», Nature Neuroscience (1998). Blakemore, Frith y Wolpert, «Spatio-temporal prediction modulates the perception of self-produced stimuli», Journal of Cognitive Neuroscience (1999). Weiskrantz, Elliott y Darlington, «Preliminary observations on tickling oneself», Nature (1971). Blakemore, «Why can’t a person tickle himself?», Scientific American. Lemaitre, Luyat y Lafargue, «Individuals with pronounced schizotypal traits are particularly successful in tickling themselves», Consciousness and Cognition (2016).